jueves, octubre 20

PRETORIANOS

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Un visitante me mando esta foto de los pretorianos.

Todo el que quiera puede mandarme fotos.

YELMOS CELTAS

Ya escribi en otra ocasión mi opnión sobre que los Cantabros lleven ropas de guerra como si fuesen salvajes...

Teniendo en cuenta los origenes celtas, no entiendo por que no llevan equipo un poco más sofisticado, sobre todo teniendo en cuenta de que estamos hablando de pueblos guerreros.

En esta imagen podemos ver la evolución de los cascos celtas...

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parte 8. 300 el comic

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parte 15. 3. El linaje de Vespasiano. Vespasiano

3. El linaje de Vespasiano
Vespasiano

El fin de Nerón fue, en cierto modo, un terrible desastre para Roma. Demostró a los romanos de todas partes que el cargo de emperador no pertenecía a una «familia real» como el linaje de Augusto, sino que podía ser otorgado a cualquiera, a generales, por ejemplo. El ejército no olvidó esta lección.
Además, la elección de Galba como general-emperador no fue muy feliz. Era un viejo de más de setenta años, tan agobiado por la edad que no podía caminar, sino que tenía que ser llevado en litera. Luego, para terminar, decidió economizar. Esta es una actitud que puede ser buena en sí misma, pero cuando economizó a expensas de los soldados, que esperaban gratificaciones de cada nuevo emperador y cuyo apoyo era esencial para Galba en particular, resultó ser una actitud suicida.
Otros ejércitos impulsaron a otros generales a luchar por el trono. Marco Salvio Otón, uno de los oficiales que había servido bajo Galba, provocó una rebelión porque éste había nombrado a otro como sucesor. Otón conquistó el favor de la guardia pretoriana, encolerizada por no haber recibido la gratificación que esperaba, y Galba fue muerto después de haber reinado siete meses.
Otón fue aceptado por el Senado (que no podía hacer otra cosa), pero sólo reinó tres meses, pues aunque el Senado lo aceptó, hubo otras secciones del ejército que lo rechazaron.
A la cabeza de las legiones de Germania estaba Aulo Vitelio, quien había sido nombrado para ese puesto por Galba. Cuando llegaron noticias de la muerte de Galba, las legiones se negaron a aceptar a Otón y proclamaron emperador a Vitelio. Marcharon hacia Italia, derrotaron a las tropas de Otón y, cuando Otón se suicidó, el camino quedó expedito para que Vitelio se declarase emperador y recibiese la sanción del Senado.
Pero en el ínterin, Vespasiano, el general que estaba sometiendo lentamente a los judíos rebeldes, también fue proclamado emperador. Ocupó Egipto (lo cual le dio el control sobre el aprovisionamiento de cereales de Roma) y luego volvió a Italia y derrotó a las tropas de Vitelio. Este fue muerto después de un reinado de medio año, y en 69 (822 A. U. C.) Vespasiano era Emperador.
Con Vespasiano, el cuarto emperador en poco más de un año (el 68-69 es llamado a veces el «año de los cuatro emperadores), la situación se tranquilizó. El nombre tribal de Vespasiano era Flavio, por lo que se dice que él fundó la «dinastía flavia» de emperadores romanos.
Vespasiano, como Galba, era de avanzada edad, pues tenía 61 años cuando fue elegido emperador. Pero a diferencia de Galba, era un hombre vigoroso de mente y cuerpo. Pudo haber establecido un despotismo militar, pues disponía del necesario apoyo del ejército para ello. Sin embargo, se consideraba a sí mismo como el sucesor de Augusto, y se propuso deliberadamente conservar el principado y su sistema de gobierno.
Su primera tarea fue la reforma. Las finanzas del Imperio estaban en ruinas como resultado de las derrochadoras extravagancias de hombres como Calígula y Nerón.
Por ello, Vespasiano reorganizó el sistema fiscal una vez más y se dispuso a imponer una rígida economía. Él mismo era un hombre austero que amaba la vida sencilla. No tenía pretensiones y no se avergonzaba en absoluto de provenir de una familia de clase media de escasa distinción. (Fue el primer emperador que no pertenecía a una familia aristocrática.) Fue acusado de mezquindad y avaricia por los mismos historiadores senatoriales que acusaron a Nerón de extravagancia, pero sólo hay que creer eso a medias. Hay toda clase de razones para creer que las economías de Vespasiano eran necesarias y beneficiosas.
Vespasiano también se dispuso a reorganizar el ejército, y disolvió algunas de las legiones que habían actuado más desordenadamente en la guerra civil que precedió a su ascenso al trono.
La reforma del ejército fue también particularmente necesaria porque desde la época de Augusto los ejércitos del Imperio fueron cada vez menos italianos. Esto era comprensible. Era tarea de las legiones estar permanentemente en guardia en fronteras muy distantes de Roma. Era más fácil y natural reclutarlas entre las provincias que debían ser protegidas. Los galos, panonios y tracios llenaban las filas y eran buenos soldados; muy a menudo se los recompensaba con la ciudadanía.
Esto tenía sus ventajas. Apresuraba la identificación con el Imperio de las provincias exteriores. Hacía más fácil la romanización, y difundía la lengua latina y la cultura grecorromana por las regiones más lejanas de Europa.
No obstante, la provincialización del ejército también tenía sus peligros. Un galo podía hablar latín, usar una toga y ser educado en la literatura griega y latina, pero no podía abrigar los mismos sentimientos con respecto a la abstracción de la historia y la tradición romanas. No podía sentir la misma continuidad con los romanos de tiempos pretéritos, quienes, a fin de cuentas, no eran sus antepasados y, de hecho, habían matado y conquistado a sus propios antepasados. Si era un soldado, se sentiría más inclinado a ser fiel a un jefe capaz en la guerra y hábil en el manejo de los hombres que a una ciudad y un Senado distantes que no conocía. Si su jefe decidiera marchar contra esa ciudad, lo seguiría.
Esto quedó demostrado definitivamente en 69, cuando ejércitos de España, Galia y Siria convergieron sobre Roma, cada uno de ellos en pro de su propio jefe.
Vespasiano no podía modificar esto; no podía llenar las legiones de italianos porque no había suficientes italianos dispuestos a luchar, y los provincianos eran soldados demasiado buenos para prescindir de ellos. Pero la guardia pretoriana, que estaba estacionada en Italia y que, puesto que se hallaba en el lugar, era la más peligrosa, debía ser cuidada. Sus miembros, al menos, debían ser italianos, y Vespasiano hizo que así fuera. Más aún, les dio como jefe a su propio hijo, Tito, como medio adicional de dominarla.
Vespasiano también reorganizó el Senado, destituyendo a sus miembros indignos, nombrando a otros buenos y cuidando mucho de que no participasen realmente en el gobierno. Pese a su propensión a la economía, emprendió obras públicas para embellecer la ciudad, sabiendo que esto daría empleo a algunos romanos y elevaría la moral de todos.
Con su firme liderazgo, también restauró el respeto por las armas romanas, que había caído muy bajo con el endeble y autocomplaciente Nerón. Una peligrosa revuelta de algunos cuerpos de ejército de la Galia fue aplastada y Tito completó la limpieza de Judea apoderándose de Jerusalén. Vespasiano anexó los últimos restos de distritos autónomos del Este y reorganizó las provincias de Asia Menor. La provincia de Siria fue extendida hacia el Este para incluir la importante ciudad mercantil de Palmira. De este modo se puso la región en condiciones de hacer frente a cualquier problema con los partos, en caso de que Partia creyese que la rebelión de Judea y la anarquía del 68 brindaban una ocasión propicia para iniciar una guerra. Partia comprendió la indirecta y permaneció en calma.
Tito volvió a Roma en 71 con los despojos de la guerra de Judea y un magnífico triunfo se celebró en homenaje al padre y al hijo. La popularidad de la nueva dinastía estaba asegurada.
En Britania, la conquista romana, suspendida bajo Nerón, fue reanudada en 77. Bajo el mando de un dinámico general, Cneo Julio Agrícola, Gales fue conquistada y las armas romanas avanzaron hacia el Norte, hasta cerca de la moderna Aberdeen, en 83. Una flota romana llegó a navegar alrededor del norte de Escocia y se proyectó la invasión de Irlanda. Después de la campaña de Agrícola, las partes conquistadas de Britania se romanizaron rápidamente.
Pero poco después de comenzar la campaña de Britania, la vida de Vespasiano estaba llegando a su fin. Sabía que se estaba muriendo y, aludiendo a la costumbre romana ya establecida de rendir honores divinos a los emperadores muertos, dijo con trágico humor: «Siento que me estoy convirtiendo en un dios». En el momento final, pidió a quienes lo rodeaban que le ayudasen a levantarse. «Un emperador —dijo— debe morir de pie.»
Cuando murió, en 79 (832 A. U. C.), dejó el principado y el Imperio también en pie. Diez años de gobierno de Vespasiano habían remediado las consecuencias de las locuras de Nerón.

miércoles, octubre 19

ARTÍCULOS HISTÓRICOS: GLADIADORES

uN buen artículo sacado de la página de lilliput models.

Iba a transcribirlo, pero no tengo mucho tiempo para copiar y pegar las puñeteras fotos.

saludos a todos.

parte 14. el fin de neron

El fin de Nerón
Nerón, como casi todos los primeros emperadores, desconfiaba de la aristocracia romana, y hasta la temía. Siempre tuvo miedo de que los senadores soñasen con el poder y la gloria pasados y, por ende, mantenía un ojo vigilante y una mano firme sobre ellos. La crueldad de Nerón sólo sirvió para alentar al Senado a comparar su lamentable situación con la gloria del pasado y a conspirar contra el Emperador.
En 65, hubo un movimiento secreto para eliminar a Nerón y reemplazarlo por un senador llamado Cayo Calpurnio Pisón. Por desgracia, los conspiradores no actuaron con rapidez, sino que estuvieron indecisos durante el tiempo suficiente para que alguien informase a Nerón. El Emperador actuó enérgicamente e hizo ejecutar a todos los que estaban relacionados (o de los que se sospechaba que lo estaban) con la conspiración. Séneca y Petronio fueron obligados a suicidarse a la sazón y, un poco más tarde, también Corbulón, el triunfante general que había combatido a los partos.
La muerte de Corbulón no podía ser popular en el ejército, o entre los otros comandantes de los legionarios en particular. La ejecución de unos pocos senadores o aristócratas no preocupaba a un general, pero se inquietaba cuando se mataba a otros generales.
También la revuelta de Judea era algo embarazoso para el orgullo romano, pues unos pocos y miserables campesinos judíos tenían en jaque a la flor del ejército romano. Lo más sencillo parecía culpar de ello a la mala administración del gobierno. Y era tanto más fácil cuanto que la gira de Nerón por Grecia era una muestra patente de la locura imperial, mientras los soldados morían. (Este era el verdadero acto de «tocar el violín» mientras Roma ardía.) La exhibición de Nerón en Grecia, donde intervino en varios juegos, también era indignante para todos aquellos romanos quienes aún creían que el jefe del gobierno romano debía ser un guerrero y un estadista, no un cómico de la legua.
En diversos lugares, las legiones de las provincias se rebelaron y trataron de proclamar sus emperadores particulares. Nerón volvió apresuradamente a Italia en 68 (821 A. U. C.), pero la situación empeoró. Las legiones de España proclamaron emperador a su comandante, Servio Sulpicio Galba. La guardia pretoriana lo aceptó y declaró a Nerón enemigo público.
Lo único que a Nerón le quedaba por hacer era suicidarse. Después de muchas vacilaciones, se clavó una espada, llorando mientras exclamaba (según la tradición): « ¡Qué gran artista pierde el mundo! » Sólo tenía treinta y un años en el momento de su muerte.
Nerón fue el último emperador descendiente de Augusto. Si contamos a partir del 48 a. C., cuando Julio César derrotó a Pompeyo, la casa julío-claudiana dominó en Roma durante más de un siglo y dio un dictador y cinco emperadores.
Pero la muerte de Nerón no destruyó la tradición julio-claudiana. Hubo docenas de emperadores después de Nerón y, aunque ninguno de ellos tenía una gota de la sangre de César y Augusto en sus venas, todos ellos adoptaron los títulos imperiales de César y Augusto.
De hecho, la palabra «César» llegó a ser sinónimo de «emperador», por lo que en tiempos modernos los emperadores de Alemania y de Austria-Hungría fueron llamados «Kaiser», ortografía alemana (y pronunciación correcta) del latín «Caesar». La palabra rusa «Zar» o «Czar» también deriva de «Caesar». Todavía en 1946, Bulgaria estaba gobernada por el zar Simeón II, y hasta 1947 hubo un emperador británico de la India cuyo título era «Kaiser-i-Hind». Así, durante dos mil años después del asesinato de Julio César, su nombre pervivió entre los gobernantes del mundo.

parte 7. 300 el comic

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martes, octubre 18

FOTOS PRETORIANAS

Mi selección de fotos pretorianas para este año: (no de concurso, que para eso no valgo)

PEQUEñO EMPERADOR


ESTANDARTES


PRETORIANO EN LA NOCHE

novela histórica

estoy recopilando algunos de los libros de novela histórica del país...



los que quedan por traer:(y en negrita los que tngo fichados)

14 LUNES 17 OCTUBRE 2005
Capitán de mar y guerra
Patrick O´Brian


15 MARTES 18 OCTUBRE 2005
Quo Vadis?
Henryk Sienkiewicz


16 MIÉRCOLES 19 OCTUBRE 2005
Sinuhé, el egipcio
Mika Waltari




17 LUNES 24 OCTUBRE 2005
Espartaco
Howard Fast


18 MARTES 25 OCTUBRE 2005
La aventura equinoccial de Lope de Aguirre
Ramón J. Sender

19 MIÉRCOLES 26 OCTUBRE 2005
A la sombra del granado
Tariq Alí



20 LUNES 31 OCTUBRE 2005
Viriato: Iberia contra Roma
João Aguiar


21 MARTES 1 NOVIEMBRE 2005
El galeote de Argel
Bartolomé Bennassar

22 MIÉRCOLES 2 NOVIEMBRE 2005
Troya
Gisbert Haefs



23 LUNES 7 NOVIEMBRE 2005
El puente de Alcántara (I)
Frank Baer

24 MARTES 8 NOVIEMBRE 2005
El puente de Alcántara (II)
Frank Baer

25 MIÉRCOLES 9 NOVIEMBRE 2005
La ciudad escarlata: la novela de los Borgia
Hella S. Haasse



26 LUNES 14 NOVIEMBRE 2005
Memorias de Agripina
Pierre Grimal

27 MARTES 15 NOVIEMBRE 2005
Akhenatón
Naguib Mahfuz

28 MIÉRCOLES 16 NOVIEMBRE 2005
Rey Jesús
Robert Graves



29 LUNES 21 NOVIEMBRE 2005
La agonía y el éxtasis
Irving Stone

30 MARTES 22 NOVIEMBRE 2005
Esa dama
Kate O´Brian

31 MIÉRCOLES 23 NOVIEMBRE 2005
Tiberio
Allan Massie




32 LUNES 28 NOVIEMBRE 2005
Teodora emperatriz de Bizancio
Guillian Bradshaw

33 MARTES 29 NOVIEMBRE 2005
La quinta reina
Ford Madox Ford

34 MIÉRCOLES 30 NOVIEMBRE 2005
Casandra
Christa Wolf



35 LUNES 5 DICIEMBRE 2005
Alejandro Magno (I)
Gisbert Haefs

36 MARTES 6 DICIEMBRE 2005
Alejandro Magno (II)
Gisbert Haefs


37 MIÉRCOLES 7 DICIEMBRE 2005
Alamut
Vladimir Bartol

ESTE LE RECOMIENDO... YO YA LO TENGO EN CASA



38 LUNES 12 DICIEMBRE 2005
Creación
Gore Vidal

39 MARTES 13 DICIEMBRE 2005
Los últimos días de Pompeya
E. G. Bulwer-Lytton

40 MIÉRCOLES 14 DICIEMBRE 2005
Saladino: El unificador del Islam
Geneviève Chauvel




41 LUNES 19 DICIEMBRE 2005
Elena
Evelyn Waugh

42 MARTES 20 DICIEMBRE 2005
Copérnico
John Banville

43 MIÉRCOLES 21 DICIEMBRE 2005
Los idus de marzo
Thornton Wilder




44 LUNES 26 DICIEMBRE 2005
Carlomagno
Harold Lamb

45 MARTES 27 DICIEMBRE 2005
Opus Nigrum
Marguerite Yourcenar

46 MIÉRCOLES 28 DICIEMBRE 2005
César imperial
Rex Warner




47 LUNES 2 ENERO 2006
Rusos (I)
Edward Rutherford

48 MARTES 3 ENERO 2006
Rusos (II)
Edward Rutherford

49 MIÉRCOLES 4 ENERO 2006
El ángel sombrío
Mika Waltari

50 LUNES 9 ENERO 2006
La taza de oro
John Steinbeck

parte 6. 300 el comic

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parte 13. EL cristianismo

El cristianismo
Quedan por mencionar las religiones que surgieron en Judea. La primera de ellas fue el mismo judaísmo, que se expandió desde Judea hacia el exterior con los judíos que se asentaban en las diversas ciudades del Imperio, particularmente en el Este, aunque también había una colonia bastante considerable en la misma Roma.
En verdad, con el tiempo, los judíos que vivían fuera de Judea superaron en número a los que habían permanecido en la tierra tradicional. Y aunque aprendiesen a hablar griego y olvidasen el hebreo, no olvidaron su religión. Su libro sagrado, la Biblia, fue traducida al griego para los judíos que ya no podían leer el original hebreo en fecha tan temprana como el 270 a. C.
Hasta había judíos que recibían una educación griega y podían defender las creencias judaicas en términos comprensibles para los griegos y los romanos de la época. El más destacado de ellos fue Philo Judaeus (Filón el Judío), quien nació en Alejandría por el 20 a. C. y, en su vejez, encabezó la delegación a Roma que iba a defender la causa de los judíos ante Calígula.
En los últimos días de la República y los primeros del Imperio, el judaísmo hizo conversos entre los romanos, incluidos algunos que estaban en elevada posición.
Se hubiera difundido más aún si hubiese estado dispuesto a transigir. Otras religiones tenían sus ritos especiales, pero no impedían a sus miembros participar en el culto imperial. El judaísmo, en cambio, quería que sus prosélitos abandonasen hasta las formas más inocuas de sus antiguos cultos. Esto significaba que los romanos que deseaban hacerse judíos debían abandonar la religión del Estado, apartarse de la sociedad y aun correr el riesgo de que se levantase contra ellos la seria acusación de traición.
Además, el ritual judío era bastante complicado y difícil para cualquiera que no hubiese nacido y sido educado en él. Partes de ese ritual parecían irracionales y confusas para los educados en la filosofía griega. Por añadidura, todo el que quisiese ser judío tenía que someterse a la penosa operación de la circuncisión. Por último, el judaísmo en sentido estricto estaba centrado en Judea, y el Templo de Jerusalén era el único lugar donde alguien podía realmente acercarse a Dios.
El último golpe que dio fin a toda posibilidad de que los judíos lograsen prosélitos fue la sangrienta revuelta de Judea. Los judíos se convirtieron entonces en peligrosos enemigos de Roma y se hicieron más impopulares que nunca en todo el Imperio.
Sin embargo, el judaísmo no era una religión monolítica; había sectas dentro de él, y algunas de ellas eran más afines a los diversos no-judíos («gentiles») del Imperio que otras.
Una de esas sectas fue la creada por los discípulos de Jesús (véase página). Después de la crucifixión de Jesús, podía haberse pensado que sus seguidores se dispersarían, puesto que su muerte parecía reducir al ridículo sus pretensiones mesiánicas. Pero se difundió la historia de que fue visto nuevamente tres días después de la crucifixión, y que había vuelto de la muerte. No era meramente un Mesías humano, un rey que restauraría la monarquía judía; era un Mesías divino, el Hijo de Dios, cuyo Reino estaba en el Cielo y que retornaría pronto (aunque nadie sabía exactamente cuándo) para juzgar a todos los hombres e instaurar la ciudad de Dios.
Los cristianos (como fueron llamados luego los discípulos de Jesús y sus seguidores), al principio siguieron siendo judíos en sus creencias y rituales, y obtuvieron sus conversos principalmente entre los judíos.
Pero muchos judíos siguieron siendo férreamente nacionalistas. No querían un Mesías que había muerto y dejado la nación esclavizada; querían un Mesías que se manifestase gloriosamente liberándolos de Roma. Este fue uno de los factores que llevó a la desastrosa rebelión contra Roma.
En esa rebelión, los cristianos no tomaron parte alguna. Ya tenían su Mesías; Roma no iba a durar eternamente, y era un error anticipar los planes de Dios para la culminación de la historia secular. La no violencia predicada por los cristianos, el deber de ofrecer la otra mejilla, de amar a los propios enemigos y de dar al César lo que era del César, también les impidió tomar parte en la rebelión.
Esta renuncia de los judíos cristianos a unirse a sus compatriotas judíos en la guerra contra Roma hizo impopular el cristianismo entre los judíos que sobrevivieron, y ya no hizo progresos entre ellos. Tampoco los judíos, en general, han aceptado a Jesús como el Mesías hasta el día de hoy, pese a las mayores presiones posibles.
Pero si el cristianismo fracasó entre los judíos, no ocurrió lo mismo con otros pueblos. Esto fue el resultado en gran medida de un judío llamado Saulo, quien en su trato con el mundo de los gentiles era conocido por el nombre similar, pero de resonancias más romanas, de Pablo.
Pablo nació en la ciudad de Tarso, en la costa meridional de Asia Menor, al parecer en el seno de una familia acomodada, pues su padre (y por tanto él mismo) era ciudadano romano. Recibió una educación judía estricta en Jerusalén y fue ortodoxo en sus creencias, tan ortodoxo que en su primer encuentro con las enseñanzas de los cristianos quedó horrorizado por su blasfemia y tuvo un papel de primera línea en los movimientos de persecución contra ellos. Se ofreció para viajar a Damasco a fin de dirigir allí el movimiento anticristiano, pero, según el relato de la Biblia, Jesús se le apareció en el camino, y desde ese momento fue un ardiente cristiano.
Pablo empezó a predicar el cristianismo a los gentiles y, al hacerlo, llegó a la creencia de que el intrincado ritual del judaísmo no era esencial para la religión verdadera y que hasta podía llevar a alejarse de ella al concentrar la atención en detalles insignificantes y oscurecer la esencia interior («pues la letra mata, pero el espíritu da vida»).
Para ser cristiano, pues, un gentil no necesitaba circuncidarse, ni tenía que observar todo el rigor del ritual judío ni asumir el nacionalismo judío y venerar el Templo de Jerusalén.
Casi inmediatamente el cristianismo empezó a difundirse por las ciudades de Asia Menor y Grecia, y más tarde en la misma Italia. La crucifixión y resurrección de Jesús, y los ritos con que se conmemoraban estos sucesos, recordaban las religiones mistéricas. La figura de María, la madre de Jesús, brindaba un suavizante toque femenino. Sus costumbres austeras eran como las de los estoicos. El cristianismo parecía tener algo que agradaba a todo el mundo.
En verdad, el cristianismo tenía una flexibilidad que el judaísmo nunca tuvo. Cuando el cristianismo se difundió entre personas que no sabían nada del judaísmo pero mucho sobre sus propias costumbres paganas, el nuevo credo adaptó a sus propios fines la filosofía griega y las costumbres paganas.
El mitraísmo, por ejemplo, que fue el principal competidor del cristianismo durante un par de siglos, celebraba el 25 de diciembre como su principal festividad. El mitraísmo era una forma de culto del sol, y el 25 de diciembre estaba cerca del momento del solsticio de invierno, cuando el sol de mediodía desciende a su punto máximo al Sur y comienza su lento retorno hacia el Norte. Este es, en cierto sentido, el nacimiento del Sol, la garantía de que el invierno terminará algún día y de que la primavera volverá, y con ella una nueva vida. Esta época del año era celebrada también por otras religiones. Los antiguos romanos consagraban ese período a su dios de la agricultura, Saturno, y las celebraciones recibían el nombre de saturnales. Las saturnales eran momentos de buena voluntad entre los hombres (hasta a los esclavos se les permitía participar en la festividad en un temporal rango de igualdad), de festejos y de regalos.
Los cristianos, al hallar irresistibles las emociones de la estación del renacimiento del Sol, las adaptaron a sus creencias, en vez de luchar contra ellas. Dieron a las emociones un nuevo uso. Puesto que la Biblia no dice exactamente cuándo se produjo el nacimiento de Jesús, se lo podía ubicar en el 25 de diciembre tanto como en cualquier otra fecha; esta fecha se convirtió en la Navidad y su celebración subsiste hasta hoy. Y aún hoy la fiesta de Navidad tiene algo de las características de las viejas saturnales.
Para los romanos, en general, al menos durante el medio siglo posterior a la muerte de Jesús, los cristianos eran meramente otra secta judía. En verdad, parecían más fastidiosos que otras sectas judías, pues se esforzaban duramente por lograr conversos.
Puesto que los cristianos no adoraban a los dioses romanos oficiales, eran considerados ateos. Y puesto que no participaban del culto imperial, eran considerados radicales peligrosos y posibles traidores. De hecho, los romanos juzgaban a los primeros cristianos de manera muy similar a como la mayoría de los norteamericanos de hoy juzgan a los comunistas.
Este sentimiento llegó a un punto decisivo en 64 (817 A. U. C.), cuando estalló un gran incendio que duró seis días y destruyó casi totalmente la ciudad. No es difícil imaginar cómo puede empezar un incendio de este género. Las partes más pobres de Roma tenían construcciones de madera raquíticas y superpobladas. Los métodos modernos de prevención de incendios eran desconocidos y no existían los equipos modernos para la extinción del fuego. Era fácil que cualquier incendio que se produjese no pudiera ser dominado y destruyese la ciudad. Grandes incendios se habían producido en Roma antes de Nerón y otros más iban a tener lugar después de él, pero al parecer ese del 64 fue el peor del que haya quedado noticia.
Nerón estaba en Antium (la moderna Anzio), en la costa, a unos cincuenta kilómetros al sur de Roma, cuando el fuego estalló. Al recibir las noticias del incendio, Nerón volvió apresuradamente e hizo lo que pudo para organizar operaciones de rescate, creó refugios temporales para los que se habían quedado sin hogar, etcétera.
Al parecer su manía por el espectáculo pudo más que él en un momento. Al contemplar el terrible espectáculo de la enorme ciudad en llamas iluminando el horizonte a su alrededor, recordó el incendio de la ciudad de Troya y, agarrando su lira, no pudo resistir la tentación de cantar alguna famosa canción sobre ese escenario. Esto ha sido recordado desde entonces en el relato de que Nerón «tocaba el violín» (el violín no fue inventado hasta muchos siglos después) mientras Roma ardía.
Se hizo algún intento de modificar las condiciones que habían dado origen al fuego. Los peores tugurios quedaron totalmente arrasados y se intentó regular la reconstrucción, limitando la altura de los edificios y aumentando los materiales resistentes al fuego, al menos en los pisos inferiores. Hubiera sido una buena oportunidad para reconstruir Roma según un plan racional, pero los viejos propietarios tendían a reconstruir donde lo habían hecho antes y Roma fue una ciudad tan enmarañada y sin plan como lo había sido antes.
Nerón aprovechó la oportunidad para hacerse construir un nuevo y magnífico palacio de hormigón y ladrillos, construcción resistente y a prueba del fuego que se puso de moda en lo sucesivo, entre quienes podían permitírselo.
El pueblo romano sospechó que el incendio había sido premeditado, y Nerón quizá pensó que sus enemigos difundirían la versión de que el mismo Emperador había provocado el fuego. Nerón decidió adelantarse y acusó a los cristianos. Eran un fácil chivo emisario y, como resultado de ello, se inició la primera persecución organizada contra los cristianos.
Muchos fueron muertos obligados a enfrentarse desarmados con leones en la arena o de otras horribles maneras. Según la tradición, Pablo estaba en Roma por entonces y también Pedro, el principal discípulo de Jesús y jefe de la comunidad cristiana de la ciudad. (Pedro es considerado el primer obispo de Roma y, por lo tanto, el primer papa, según la doctrina católica romana.) Se supone que Pedro y Pablo sufrieron el martirio en esa persecución.
Pero las persecuciones fueron llevadas a tales extremos que, hasta según historiadores no cristianos, el populacho romano sintió piedad. En definitiva, tales persecuciones hicieron más para estimular el crecimiento del cristianismo que para impedirlo.

lunes, octubre 17

parte 5. 300 el comic

después de un tiempo de relax, vuelvo a retomar la historia de los 300 espartanos de leonidas...

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esta ultima frase, es una de las m´sa míticas sobre esta batalla...

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Como estamos....


Todavía con resaca de las fiestas....

Lo que he visto que en la mayoría de las webs de las guerras (salvo la oficial) hay muy poco movimiento...

QUe pasó con el concurso de fotografía.

FELICIDADES para amigo CHICHO...

QUE CRACK

Parte 12. La filosofía y los cultos

La filosofía y los cultos
Sin embargo, la batalla entre la tradición romana y la religión judía fue llevada, en cierto modo, más allá de las fronteras de Judea. La lucha iba a ser larga y el veredicto diferente.
La religión romana, tomada principalmente de los etruscos, era, en un comienzo, de naturaleza predominantemente agrícola. Sus numerosos dioses y espíritus representaban fuerzas de la naturaleza y buena parte del ritual estaba destinado a asegurar la fertilidad del suelo, lluvias adecuadas y, en general, buenas cosechas. Esto es muy comprensible en una sociedad donde la alternativa a una buena cosecha era el hambre. Había también numerosos dioses y espíritus que presidían diferentes facetas del hogar y de la vida individual, desde el nacimiento hasta la muerte. Los ritos religiosos eran relativamente simples: se adecuaban al tiempo de que podían disponer agricultores atareados.
El principal refinamiento que el Imperio introdujo en la vieja religión fue el «Culto Imperial», en el cual se prestaba una especie de homenaje verbal al emperador y la emperatriz reinantes, y en el que los emperadores y emperatrices muertos recibían honores divinos.
Cuando la clase superior romana descubrió la cultura griega, la religión oficial griega fue fusionada, en cierta medida, con la de los romanos. El Júpiter romano fue identificado con el Zeus griego, la Minerva romana con la Palas Atenea griega, etcétera.
Sin embargo, las religiones oficiales de Grecia y Roma por igual estaban prácticamente muertas en la época del Imperio. Las clases superiores realizaban los ritos religiosos romanos y griegos oficiales de una manera mecánica y distraída.
A fin de cuentas, las creencias primitivas ya no eran adecuadas para una sociedad que no estaba formada solamente por labradores incultos, sino que también tenía aristócratas, personas cultas y habitantes urbanos que habían elaborado complejas concepciones del Universo. Sus intereses iban más allá de la mera esperanza de una buena cosecha. Se planteaban la cuestión de la vida buena, el empleo fructífero del tiempo libre, el cultivo de intereses intelectuales y el deseo de comprender los mecanismos del Universo. Los griegos elaboraron complejas filosofías para satisfacer sus tanteos en esa dirección, y los romanos adoptaron algunas de esas filosofías.
Una variedad popular de filosofía fue la fundada por Epicuro, nacido en la isla griega de Samos en 341 a. C. Estableció una escuela en Atenas, en 306 a. C., que tuvo gran éxito hasta su muerte en 270 a. C. Epicuro adoptó las creencias de algunos filósofos griegos anteriores, y consideraba que el Universo está formado por diminutas partículas llamadas átomos. Todo cambio consiste en la ruptura y el reordenamiento de grupos de átomos; había poco lugar en el pensamiento de Epicuro para la dirección intencional del hombre y del Universo por dioses. Era una filosofía esencialmente atea, aunque los epicúreos no eran fanáticos al respecto; practicaban alegremente rituales que consideraban sin sentido para evitar innecesarios escándalos o crearse situaciones difíciles para ellos.
En un universo formado por átomos en movimiento al azar, el hombre puede ser consciente de dos cosas: el placer y el dolor. Era evidente que el hombre debía comportarse de modo de gozar un máximo de placer y sufrir un mínimo de dolor. Sólo quedaba por determinar qué era realmente un máximo de placer. Epicuro pensaba que si un poco de algo brinda placer, mucho de ello no da necesariamente más placer. Morir de hambre por falta de alimento es doloroso, pero una indigestión por comer demasiado también lo es. El máximo de placer se obtiene comiendo con moderación, y lo mismo con otras alegrías de la vida. Además, es menester no olvidar los placeres del espíritu; del saber, de mejorar el discurso, de las emociones de la amistad y el afecto, placeres que, en opinión de Epicuro, eran mayores y más deseables que los placeres ordinarios del cuerpo.
No todos los epicúreos de siglos posteriores fueron tan sabios y moderados como Epicuro. Era fácil poner primero los placeres del cuerpo, y difícil ponerles límite. A fin de cuentas, ¿por qué no gozar de todo el placer que se pueda obtener ahora? Mañana puede ser demasiado tarde. Así, la palabra «epicúreo» ha entrado en nuestra lengua y ha llegado a significar «dado al placer». Tan popular se hizo la filosofía epicúrea que, para los judíos de los siglos posteriores a Alejandro, todos los griegos eran epicúreos. Todo judío que abandonaba su religión para adoptar costumbres griegas se convertía en un «epicúreo», y hasta el día de hoy el término judío para designar a un judío converso es «Apikoros».
Los romanos adoptaron las creencias epicúreas. Roma era mucho más rica y poderosa de lo que había sido nunca cualquier ciudad griega, y el lujo romano pedía alcanzar niveles más altos que el lujo griego. Por consiguiente, el epicureismo romano tendió a ser más basto que su versión griega. Bajo el Imperio, el epicureismo a menudo se convirtió en una excusa para el peor tipo de autocomplacencia.
Hallamos un ejemplo de un epicúreo romano en Cayo Petronio. Era un hombre capaz, que fue cónsul en una ocasión, y en otra, gobernador de Bitinia, en Asia Menor. Pero prefirió pasar su vida en el placer y el lujo (como los miembros de los actuales «círculos de alta sociedad»). Quizá no admiraba totalmente este modo de vida, pues es más conocido hoy por un libro llamado El Satiricón, que se le atribuye. En él se burla implacablemente del lujo tosco y de mal gusto de personas que tienen más riqueza que cultura y que no conocen otro uso del dinero que gastarlo.
Sin embargo, tan famoso se hizo por sus juicios en materia de placer, que se convirtió en alegre compañero de Nerón, quien apelaba a él para imaginar nuevas diversiones y juegos de modo de pasar el tiempo placenteramente. El era el «arbiter elegantiarum» («El juez en buen gusto y estilo»), por lo que a menudo se lo llama «Petronius Arbiter». Sin embargo, como muchos de los amigos y asociados de Nerón, Petronio tuvo mal fin. Las sospechas de Nerón, que eran siempre fáciles de despertar, cayeron sobre él, y Petronio prefirió suicidarse en el 66 antes que esperar la muerte a manos de otros.
Otra famosa escuela de filosofía griega fue fundada por Zenón, griego (posiblemente con algo de sangre fenicia) que había nacido en la isla semigriega y semifenicia de Chipre, aproximadamente por la época del nacimiento de Epicuro.
Zenón, como Epicuro, fundó una escuela en Atenas y enseñaba en un lugar de la plaza del mercado que estaba adornado por un pórtico o porche con pinturas de escenas de la guerra troyana. Era llamado la «Stoa poikile» (el «pórtico pintado»), por lo que las enseñanzas de Zenón fueron llamadas «estoicismo».
El estoicismo admitía la existencia de un Dios supremo y parece haber estado en camino hacia un tipo de monoteísmo. Pero también creía que los poderes divinos podían descender sobre toda clase de dioses menores y hasta sobre los seres humanos que eran deificados. De este modo, los estoicos se adaptaron a las prácticas religiosas prevalecientes.
El estoicismo comprendió la necesidad de evitar el dolor, pero no creyó que la elección del placer fuese el mejor camino para ello. No siempre se puede elegir el placer correctamente, y aunque se pueda, esto no hace más que abrir la puerta a un nuevo tipo de dolor: el de perder el placer de que se gozó antaño. La riqueza puede disiparse, la salud decaer y el amor morir. El único modo seguro de vivir una vida buena, decidieron los estoicos, es colocarse más allá del placer y del dolor; prepararse para no ser esclavo de la pasión o del temor, tratar la felicidad y la desdicha con indiferencia. Si no se desea nada, no se teme la pérdida de nada. Todo lo importante está dentro de uno mismo. Si somos dueños de nosotros mismos, no podemos ser esclavos de nadie. Si vivimos una vida rígidamente ajustada a un severo código moral, no necesitamos temer la torturante incertidumbre de las decisiones cotidianas. Hasta hoy, la palabra «estoico» es usada en castellano para significar «indiferente al placer y el dolor».
Naturalmente, tal filosofía no podía ser tan popular como la epicúrea, pero algunos romanos creían que las viejas virtudes romanas, la laboriosidad, la valentía y la firme devoción al deber, eran justamente las que valoraba el estoicismo. Por ello, hasta en los más fastuosos días del Imperio temprano, muchos se convirtieron a esta filosofía.
El más conocido de los estoicos romanos de este período era Séneca (Lucio Auneo Séneca), nacido alrededor del 4 a. C. en Corduba (la moderna Córdoba), de España. Su padre había sido un famoso abogado, y el joven Séneca también estudió derecho, asistió a una escuela estoica de Roma y llegó a ser tan famoso como orador que atrajo la favorable atención de Calígula. Después de morir éste, Séneca disgustó de algún modo a Mesalina, y ésta hizo que su marido, el emperador Claudio, lo desterrase de Roma, en 41. Pero Mesalina fue ejecutada, y la siguiente esposa de Claudio, Agripina, hizo volver a Séneca en el 49 para que fuese el tutor de su joven hijo Nerón. Séneca hizo todo lo que pudo para convertir a Nerón en un estoico, pero por desgracia, sus enseñanzas no echaron raíces.
Séneca escribió ensayos sobre la filosofía estoica y una serie de tragedias basadas en mitos griegos e imitando el estilo griego de Eurípides, pero tan llenas de resonancias y furias emocionales (extrañas en un estoico declarado), en lugar de sentimientos auténticos y pensamientos profundos, que no son muy admiradas en la actualidad, aunque son las únicas tragedias romanas que han llegado hasta los tiempos modernos.
Sin embargo, fue lo bastante popular en su época como para despertar la envidia de Nerón. Este, tan orgulloso de su propia obra, no podía soportar la idea de que la sociedad romana, en general, pensara que era en realidad Séneca quien escribía con el nombre de Nerón. Séneca fue relegado a la vida privada, y en 65 fue obligado a suicidarse, bajo la acusación de haber tomado parte en una conspiración contra el Emperador.
Pero no era de esperar que las clases más pobres de Roma se adhiriesen al epicureismo o al estoicismo. Carecían de la riqueza y el ocio necesarios para ser epicúreos, por mucho que lo hubiesen deseado, y era un triste consuelo para ellas que se las instase a despreciar los placeres cuando no tenían ningún placer que despreciar.
Se necesitaba algo más cálido y reconfortante, algo que un hombre pobre pudiese admitir, algo que prometiese una vida mejor después de la muerte para compensar la miserable vida sobre la Tierra.
Estaban, por ejemplo, las religiones mistéricas griegas, en las que los ritos no estaban al alcance de todos, sino sólo de los iniciados en ellos. Se suponía que quienes participaban en ellos eran discretos («mystes») con respecto a lo que experimentaban, y de aquí viene la expresión «religión mistérica» y el actual significado en castellano de la palabra «misterio» como algo secreto, inexplicado y hasta inexplicable.
Los ritos mistéricos, cualesquiera que fuesen, eran efectuados con una solemnidad que agitaba las emociones; unían a los participantes con lazos de hermandad; y permitían a los iniciados, según su propia creencia, tener una vida después de la muerte. Daban un sentido a la vida, hacían que la gente sintiese el calor de la unión con otros en un propósito común y ofrecían la promesa de que la muerte no era el final, sino la puerta de entrada a algo más grande que la vida.
La más venerada de las religiones mistéricas griegas era la de los misterios eleusinos, cuyo centro era Eleusis, lugar situado a unos pocos kilómetros al noroeste de la ciudad de Atenas. Se basaban en el mito griego de Deméter y Perséfone. Perséfone fue raptada y llevada al reino subterráneo de Hades, pero fue devuelta; esto aludía a la idea de la muerte de la vegetación en otoño y su renacimiento en la primavera, y más específicamente a la muerte del hombre seguida por un glorioso renacimiento. Otra variedad de este tipo de ritual eran los «misterios órficos», basados en la leyenda de Orfeo, quien también descendió al Hades y apareció nuevamente.
Aun después de la decadencia del poder político griego, las religiones mistéricas conservaron su importancia. Tan venerados eran los misterios eleusinos que Nerón, en ocasión de una visita oficial a Grecia en 66, pidió ser aceptado como iniciado. Pero se le negó porque había condenado a muerte a su madre, y este horrible crimen lo incapacitaba por siempre jamás para la comunión con los otros miembros de los ritos.
Es un notable tributo al valor asignado a los misterios el hecho de que quienes los dirigían no quebrantasen sus reglas para admitir a Nerón, aunque en todos los demás aspectos los griegos tratasen de complacerlo todo lo posible. Así, celebraron competiciones especiales en las que Nerón pudo medir sus fuerzas con profesionales griegos de la poesía, el canto, la lira, las carreras de carros, etcétera, y lo dispusieron todo para que recibiera el premio en todas las ocasiones. Más revelador aún de la importancia de los misterios es que Nerón, quien raramente permitía que lo contrariasen, no juzgara conveniente vengarse del insulto de ser rechazado por quienes se hallaban al frente de los misterios.
Los misterios griegos llevaban la marca de la razón y la moderación griegas. Pero a medida que la influencia romana penetró cada vez más al este, entró en contacto con religiones orientales aún más emocionales y coloridas, muchas de las cuáles también incluían el motivo de la muerte y renacimiento inspirado por el ciclo estacional de la vegetación.
En Asia Menor existía un antiguo culto de Cibeles, la Gran Madre de los Dioses, que en algunos aspectos era similar a la Deméter griega. Sus ritos se difundieron por Grecia en época temprana y, en 204 a. C., cuando los romanos estaban cerca del fin de su larga batalla contra el general cartaginés Aníbal, también ellos empezaron a rendir culto a Cibeles. Una piedra consagrada a ella que había caído del cielo (indudablemente, un meteorito), fue llevada con gran pompa de Asia Menor a Roma. Al principio, los romanos se sentían un tanto confusos en las ceremonias, y ante los extraños sacerdotes que habían sido importados junto con la piedra, pero en la época del Imperio temprano el culto de Cibeles llegó a ser uno de los más importantes en Roma.
Las deidades egipcias también se hicieron populares. En tiempos griegos, el dios y la diosa egipcios más importantes eran Osiris e Isis. Osiris pasaba por la muerte y la resurrección. Se suponía que sufría una reencarnación física en el toro sagrado Apis. Para los griegos, Osiris Apis se convirtió en «Serapis», y el culto de Serapis e Iris se hizo popular en Grecia alrededor del 200 a. C. Un siglo más tarde, estos ritos empezaron a invadir Roma. Augusto, que era un hombre anticuado, los desaprobaba, pero Calígula les dio la sanción oficial.
Las diosas como Deméter, Cibeles e Isis eran particularmente atractivas para las mujeres y, en verdad, para todos los que valorasen la compasión y el amor. Los dioses masculinos a menudo eran dioses de la cólera y la guerra, de modo que también los soldados podían tener el consuelo de la religión.
De las tierras situadas al este del Imperio Romano, de Partia o de Persia, llegó Mitra, figura divina que representaba el Sol. Siempre era pintado como un joven que apuñalaba un toro, y los ritos de iniciación incluían el sacrificio ritual de un toro. Las mujeres estaban excluidas de estos ritos, por lo que el mitraísmo era una religión esencialmente masculina, y particularmente de soldados. Empezó a hacer sus primeras intrusiones en Roma por la época de Tiberio.

viernes, octubre 14

ARTÍCULOS HISTÓRICOS: UNA DE ROMANOS

En el afán de leer información sobre los romanos, encontré un artículo interesante de un señor llamado David Vivó, que transcribo enterito y sin modificaciones al BLOG:




A raíz de ciertas preguntas y comentarios (algunos míos) aparecidos en el foro me he decidido ha hacer un nuevo artículo sobre romanos, en este caso unas reflexiones generales aplicadas a nuestro hobby y enfermedad. Quisiera decir, sin embargo, que son unas reflexiones personales en voz alta y, sobretodo, discutibles (y espero que discutidas) demasiado largas para el foro.


Metopa del monumento de Adamklissi. S. II d.C.

Sin duda, un buen escultor y pintor de figuras históricas, aparte de un artista, tiene que ser un buen investigador. Hace poco, en Saint Vincent, hablando con Diego Fernández Fortes sobre estos temas me comentaba que unas de las cosas que más le gustaban era el largo y laborioso proceso de información previo a la preparación de una pieza. Creo que este es un proceso que, a diferentes niveles, todos compartimos (¿como pintar un escudo, un tartán, etc...?). Esta es precisamente una de las gracias que tiene este trabajo. El problema, a mi parecer, son las fuentes de que bebemos, es decir que material utilizamos desde libros a Internet, sin olvidar nunca la mejor de todas, aunque la más difícil, la observación directa de los originales.



Cuando nos centramos en temas de la antigüedad la falta de información, al menos asequible, crece exponencialmente. Sin duda, y que nadie se rasgue las vestiduras, nuestra principal fuente de inspiración es Angus MacBride y sus publicaciones en Osprey y Concord, y, en menor medida, aunque muchísimo más preciso, Peter Connolly, amén de otros dibujantes. Sin embargo, es aquí donde todos podemos (y recalco el condicional) caer en errores. Yo mismo trabajé una temporada como ilustrador para algún museo arqueológico y lo primero que aprendes es que una lámina tiene que estar llena, es decir, no puedes dejar espacios en blanco donde no tienes información y tienes que deducir, ya sea por parecido con otras piezas, contexto cultural etc... o simplemente (aunque suene duro) inventar, especialmente en los ropajes (colores, texturas, motivos, etc...).



Mas difícil tarea, y más meritosa, es la de un escultor que, además de estas dificultades ha de hacer una pieza en tres dimensiones. Por todo ello, y especialmente en la antigüedad, es necesario recurrir, siempre que sea posible a las fuentes arqueológicas, ya que sin duda son las únicas seguras (si se ha encontrado es que se utilizaba), a las fuentes iconográficas y a las textuales. Sin embargo también éstas son muy matizables y es necesario un acercamiento critico y metodológico, con la única seguridad de que nunca estaremos seguros de nada.

Como he dicho, las fuentes arqueológicas son las únicas cien por cien fiables en cuanto a la forma concreta del objeto en si (espadas, armaduras, etc...), sin embargo puede no ser tan fiable su interpretación. Como ejemplo una experiencia personal. En una excavación arqueológica que dirigí, una fortificación tardorromana cerca de Girona, apareció en un estrato de finales del s. VIII principios del XIX (es decir durante la conquista carolingia) un estribo de caballo. Esta pieza es anterior en casi un siglo a cualquier estribo conocido (ya sea arqueológico o iconográfico) en toda la Europa occidental con lo cual no hay ninguna otra información para contrastar, cosa que te hace dudar (o no) de la fiabilidad del estrato y de si esta pieza es lo que llamamos una intrusión posterior (que a veces pasa). Conclusión, la pieza permanece inédita porque no estamos seguros. Sin embargo, para lo que nos interesa, lo primero que hice nada más encontrarla fue consultar los diferentes libros de Osprey que era lo que tenia más a mano y cual fue mi sorpresa cuando el cabroncete de MacBride te pone una figura u objeto delante cuando no está seguro de algo (podéis comprobarlo). Obviamente esta es una solución perfecta para una ilustración, pero ¿y si algún escultor quiere hacer un caballero carolingio? ¿lo pone, no lo pone? Aunque éste es un caso extremo, y por eso un buen ejemplo, refleja un poco la idea que quería decir de que aunque el objeto este bien representado, no siempre es fiable su contexto cronológico o su utilización.



Metopa del Monumento de Adamklissi. S. II d.C.

Más problemas pueden tener las fuentes iconográficas. A mi parecer, el error más grave conocido en nuestro mundillo es tomar a Osprey como la Biblia, y es que sus autores son buenos pero no pueden saberlo todo, y cada uno hace muchos libros de cosas o épocas diferentes. Un ejemplo es un error en el que muchos (yo incluido) hemos caído: pintar la Guardia Pretoriana de color blanco. En el libro de Osprey se recoge la referencia de un estudio más concreto sobre el mosaico de Palestrina (hay una ilustración) donde se ve un grupo de figuras vestidas de blanco y con escorpiones en el escudo. La deducción lógica (y simplificada) es que como los únicos escudos que conocemos con escorpiones son los de la Guardia Pretoriana (por el símbolo zodiacal de Tiberio) estas figuras son pretorianos y por tanto que su color era el blanco. Sin embargo, si uno estudia bien este mosaico (como me toco hacer, si no, no me habría dado cuenta) verá que el mosaico (muy estudiado por otra parte) es del s. II a.C. casi trescientos años anterior a la creación de la Guardia Pretoriana y que teniendo en cuenta que representa a soldados del Egipto ptolemaico la presencia de escorpiones heráldicos no es de extrañar. Con todo esto ¿quiero decir que los pretorianos no iban de color blanco? Sinceramente no lo se. Ni yo ni nadie. Solo quiero decir que la "prueba infalible" de Osprey hace aguas por todos lados. A pesar de todo, lo más probable es que efectivamente fueran de color blanco, al igual que el resto de todas las legiones por la sencilla razón que el color blanco o crudo era el más corriente y barato de los colores.



Columna trajana. Detalle con legionarios s.II d.C.

La necesidad que tenemos de dar colores concretos a unidades militares concretas es una proyección de nuestra mentalidad sobre la antigüedad que no se regía necesariamente por nuestros parámetros actuales.

La uniformidad, tal como la conocemos, es un concepto que no existía en el ejercito romano. Es decir, si hay uniformidad es más la consecuencia de la producción en masa del equipamiento militar y de unas necesidades básicas que de un reglamento o nada parecido.

La época de Trajano es un ejemplo paradigmático de lo que quiero decir. La principal fuente iconográfica para el ejército romano ha sido siempre la Columna Trajana. En ella se ven, básicamente, tres tipos de legionarios, los legionarios propiamente dichos, los auxiliares y los jinetes. Todos ellos, y especialmente los primeros, responden a un único tipo con el mismo uniforme y armadura (la que yo llamo tipo "Asterix") que sabemos que no concuerda con la realidad, sola la evoca. De la misma época se conservan los relieves del monumento que Trajano hizo construir en Adamklissi (actual Rumania) para conmemorar su victoria sobre Dácia en la que se pueden observar unos legionarios, esculpidos de manera muy tosca, absolutamente diferentes (hace poco ha salido una escena basada en estas escenas hecha por Romeo Models). Ambos relieves son aparentemente contradictorios y parecen presentarnos dos ejércitos radicalmente distintos. Entonces, ¿cuales nos sirven mejor? ¿ninguno?. En realidad sirven los dos pero están hechos con intenciones diferentes. En la columna trajana se quiere presentar al ejército romano en su conjunto como una máquina de guerra perfecta, de aquí su estandarización, mientras que los relieves de Adamklissi intentan representar la realidad del hecho (como diría nuestro amigo Máximo Fuerza y Honor, respectivamente).


Estela funeraria de Marcus Caelius, Centurión de la legio XXII

Así en la primera se insiste mucho en las obras de ingeniería de los romanos (la versatilidad y trabajo de este ejército) y en la decoración de los escudos (cuantas más variedades más amplio parece el ejército) de ésta perfecta máquina de guerra. Mientras que en los segundos, erigidos sobre el territorio conquistado se insiste en el realismo del equipo y de la guerra para reforzar la propia victoria. La primera está hecha para el ciudadano de Roma (la gloria de Roma a través de sus legiones) y los segundos están hechos para los vencidos, recordándoles su derrota (hay un excelente libro de Peter Conolly sobre estas campañas).

Con todo esto quiero decir que el armamento romano era mucho más rico y variado de lo que suponemos. Hay que tener en cuenta la reutilización de material más antiguo (que se podía utilizar durante muchísimos años si se cuidaba bien, aparte de transmitirse de padres a hijos), el cambio de unidades (ya fuera por promoción de los legionarios o por reagrupamientos forzados de legiones disminuidas) y las adaptaciones del armamento defensivo a campañas determinadas (como las mismas guerras dácias en que se reforzaron los cascos, brazos y piernas). Sin embargo no podemos olvidar la producción masiva e industrial de un armamento estandarizado que debía de ser el mayoritario, solo que este podía ser contemporáneo a otro de tipo más residual o antiguo y que por tanto las legiones romanas no estaban tan uniformadas como tendemos a ver en muchas viñetas históricas.


Columna trajana. Detalle auxiliares. S. II d.C.

Un caso aparte lo constituyen los suboficiales y oficiales. Los primeros, de carrera, eran los centuriones con su distintivo penacho transversal del que no parece que no hay duda y de su armadura, mayoritariamente cotas de mallas o de escamas (aunque no exclusivamente) que muy bien recogen las figuras históricas (actualmente hay un boom de centuriones en todas las marcas). Sin embargo si hay un problema en sus representaciones, tanto en figuras como en láminas. La mayor parte de representaciones antiguas de centuriones nos provienen de sus estelas mortuorias (creo que no hay ninguna en la columna trajana, por ejemplo) y, por lo tanto, es normal que se presenten con todas sus condecoraciones, además de su carrera descrita en la inscripción, pero difícilmente irían con todas ellas al campo de batalla (no me imagino un general actual con cincuenta quilos de medallas en un campo de batalla), guardándolas para los desfiles y celebraciones. Ya se que una figura resulta mucho más atractiva con sus condecoraciones (y soy el primero en disfrutarlas) pero no estoy seguro de que sea muy real.

Mas difícil es la representación de los oficiales que tenían como único rasgo común la armadura musculada (de influencia griega), la cinta atada en su cintura (símbolo del mando), la capa de general (paludamentum) y las botas o sandalias altas y cerradas (símbolo de la nobleza, al menos inicialmente).


Relieve con pretorianos

Sin embargo, y por muy curioso que resulte, no sabemos que llevaban en la cabeza, aunque es de suponer que llevarían casco. La imagen que hoy en día tenemos de un oficial romano con su característico casco con visera alta y crin longitudinal no tiene ningún testimonio ni arqueológico (no se ha encontrado ninguno) ni iconográfico (solamente se representa en un relieve con Pretorianos (?) y, con variantes, en representaciones de caballería).

Una característica de la oficialidad era que provenían de la nobleza y familias acaudaladas, por lo que el equipo corría de su cuenta, cosa que dejaba mucha libertad en el diseño y, seguramente, en la imaginación del propietario. Así quizás es inútil buscar un único tipo de casco y atribuirles algunos de los cascos hallados con decoraciones y formas no estándares. En este sentido, si que hay un importante problema con muchas figuras que los escultores habrían de tener presente.


Estatua de Emperador. S. II d.C.

La armadura musculada puede tener una infinidad de decoraciones y hasta formas, dentro del diseño básico del torso humano, pero la armadura que acostumbramos a representar, con protección abdominal, nunca puede ir asociada a una persona montada debido a su incomodez y falta de movimiento lateral (si queréis podéis probarlo personalmente, pero después de una cabalgada la voz se os quedará aguda y no podréis tener descendencia!). Dos ejemplos podrían ser el César de Soldiers (fijaos que está tirado hacia atrás) o el Oficial de Caballería de Latorre (aunque este último es culpa de la película y no del escultor que se inspira en ésta).


En fin, de momento aquí acabo mis largas reflexiones y deliberaciones (¿Hay alguien ahí?). Espero que os sirvan (o no) y que sean debatidas.

En el fondo si todo el mundo me hiciera caso la producción de figuras romanas bajaría en picado ( no os creáis, en muchos textos científicos de tipo arqueológico hay que deducir e interpretar en base a una serie de conocimientos y restos, exactamente lo mismo que hacemos al esculpir y pintar). Mi intención era precisamente hacer reflexiones sobre las figuras romanas por lo poco que las conocemos, pero también he de reconocer que el nivel de éstas (histórico en este caso) es altísimo. En el fondo lo único que quería decir es que la variedad puede ser mucho mayor y de que seamos conscientes de que quizás no todo es autentico (que conste que tampoco hay ninguna prueba de que no lo sea, sencillamente no la hay). Si os parece bien pienso hacer algún artículo mucho más concreto en el futuro y me pongo a vuestra disposición para contestar lo que sea, tanto en el foro como por e-mail, mi biblioteca y yo mismo estamos entusiasmados de ayudaros (en realidad es que me encanta hablar de romanos!).

Gracias por todo.

miniaturas romanas

una de las cosas más bonitas que he estado viendo son las miniaturas de sodlados de la antiguedad.

en los kioskos hay una colección de ellas. Pero yo que soy pobre, no me piesno gastar el dinero en ellas, por más que me gustaría....

pero en páginas como la de lilliput models se pueden encontrar preciosidades hechas por autenticos profesionales...





otra versión






esta es una de las que más me gusta





y muchas más para disfrutar....