martes, febrero 14

LIBRO QUINTO CAP 6

LI. Cebados con eso los enemigos, pasan su ejército, y se
apuestan en mal sitio; y viendo a los nuestros retirarse aun de las
mismas barreras, dan un avance, y arrojando de todas partes dardos
dentro de las trincheras, a voz de pregonero publican por todos los
cantones: «que cualquiera sea galo, sea romano, tiene libertad antes
de la hora tercia102 para pasarse a su campo; después de este plazo
no habrá más recurso». Y llegó a tanto su menosprecio que, creyendo
no poder forzar las puertas, tapiadas sólo en la apariencia con una
somera capa de adobes, empezaron unos a querer aportillar el
cercado con las manos, otros a llenar los fosos. Entonces César,
abiertas todas las puertas, hace una salida y soltando a la caballería,
al punto pone en fuga a los enemigos, de suerte que ni uno solo hizo
la menor resistencia, con que mató a muchos de ellos y desarmó a
todos.
LII. No se atrevió a seguir el alcance por los bosques y
pantanos intermedios, viendo que el sitio quedaba señalado103 con no
pequeña pérdida del enemigo. En fin, sin daño alguno de sus tropas,
el mismo día se juntó con Cicerón. Ve con asombro los torreones,
galápagos y fortificaciones de los enemigos. Y hecha la revista de la
legión, halla que ni de diez uno estaba sin herida, de lo cual infiere en
qué conflicto se vieron y con qué valor se portaron. A Cicerón y a sus
soldados hace los merecidos elogios; saluda por su nombre uno a uno
a los centuriones y tribunos, de cuyo singular valor estaba bien
informado por Cicerón. Cerciórase por los prisioneros de la desgracia
de Sabino y Cota. El día inmediato, en presencia del ejército, la
cuenta por extenso, consolando y animando a los soldados con
decirles: que deben sufrir con paciencia este descalabro únicamente
ocasionado por culpa y temeridad del comandante, ya que quedaba
vengado por beneficio de los dioses inmortales y su propio valor,
aguándoseles tan presto a los enemigos el gozo, como quedaba
remediado para ellos el motivo de sentimiento.
LIII. La fama en tanto de la victoria de César vuela con
increíble velocidad por los remenses a Labieno; pues distando
cincuenta millas de los cuarteles de Cicerón, donde César entró
después de las nueve del día, se oyó antes de medianoche a la puerta
de los reales el alborozo de los remenses, que aclamaban la victoria
con parabienes a Labieno. Divulgada esta noticia entre los
trevirenses, Induciomaro, que había resuelto asaltar el día siguiente
los reales de Labieno, huye aquella noche con todas sus tropas a
Tréveris. César hace que Fabio con la legión vuelva a sus cuarteles de
invierno; él con tres de ellas determina invernar en las inmediaciones
de Samarobriva en tres distintos alojamientos; y a causa de tantas
sublevaciones de la Galia, mantenerse al frente del ejército todo
aquel invierno, porque con la nueva del desastre de Sabino, casi
todos los pueblos de la Galia trataban de guerra despachando
mensajes y embajadas por todas partes, con el fin de averiguar cómo
pensaban los otros, y por dónde se daría principio al rompimiento.
Tenían sus juntas a deshoras de noche y en parajes ocultos, y no
hubo día en todo aquel invierno que no fuese de algún cuidado para
César, recibiendo continuos avisos de los proyectos y alborotos de los
galos. Uno de ellos le comunicó el legado Lucio Roscio, a quien había
dado el mando de la legión decimotercia; y fue que los pueblos
llamados armóricos104 habían levantado un grueso ejército con el fin
de atacarle, y ya no distaba de sus cuarteles sino solas ocho millas,
pero sabida la noticia de la victoria de César, se retiraron tan
apresuradamente que más parecía fuga que retirada.
LIV. Sin embargo, César, llamando ante sí los principales de
cada nación, metiendo a unos miedo con darles a entender que sabía
todas sus tramas, y amonestando a otros, tuvo a raya gran parte de
la Galia. Todavía los de Sens, república de las primeras entre los
galos en poder y autoridad, intentaron unidos matar a Cavarino, que
César les había dado por rey, cuyo hermano Moritasgo lo era cuando
César vino a la Galia, como lo habían sido antes sus abuelos. Como él
lo barruntase y escapase, lo fueron persiguiendo hasta echarle de su
casa y reino, y enviando embajada a César a fin de disculparse,
mandando éste comparecer ante sí el Senado, no le obedecieron.
Tanta impresión hizo en estos bárbaros el ejemplo de los autores de
la rebelión, y trocó tanto sus voluntades, que fuera de los eduos y
remenses, a quienes César trató siempre con distinción, a aquéllos
por su antigua y constante fidelidad al Pueblo Romano, a éstos por
sus buenos oficios en la guerra presente, casi no quedó ciudad de
quien podernos fiar. Lo que bien mirado quizá no debe causar
maravilla, así por otros varios motivos, como principalmente porque
una nación tenida por superior a todas en la gloria militar, a más de
haberla perdido, sentía en el alma verse súbdita de los romanos.
LV. Lo cierto es que Induciomaro y los trevirenses emplearon
todo el invierno en despachar embajadas a la otra parte del Rin,
ganar los pueblos y prometer dineros, asegurándoles ser poquísimos
los nuestros, destrozada ya la mayor parte del ejército. Mas no por
eso pudieron persuadir a ninguno a pasar el Rin, respondiendo todos,
que habiéndoles ya salido mal dos veces, en la guerra de Ariovisto y
en la trasmigración de los feneceros, no querían aventurarse la
tercera. Sin embargo de estas repulsas, Induciomaro empezó a juntar
gente de los suyos y de los confinantes, aparejar caballos y
enganchar con grandes promesas a los bandidos y proscritos de la
Galia; y con estas artes se había granjeado tanto crédito en la nación,
que le venían embajadas de todas partes a nombre de comunidades y
particulares solicitando su gracia y amistad.
LVI. Cuando él se vio buscado, y que por una parte los de Sens
y de Chartres andaban despechados por el remordimiento de su
atentado; que por otra los nervios y aduáticos se armaban contra los
romanos, y que no le faltaría tampoco cohortes de voluntarios, si una
vez salía a campaña, convoca una junta general de gente armada. Tal
es la usanza de los galos en orden a emprender la guerra: obligan
por ley a todos los mozos a que se presenten armados, y al que llega
el último, a la vista de todo el concurso, descuartízanlo. En esta junta
Induciomaro hace declarar enemigo de la patria y confiscar los bienes
a Cingetórige su yerno, cabeza del bando contrario, el cual, como se
ha dicho, siempre se mantuvo fiel a César. Concluido este auto,
publica en la junta cómo venía llamado de los de Sens y Chartres, y
de otras varias ciudades de la Galia; que pensaba dirigir allá su
marcha por el territorio remense talando sus campos, y antes de esto
forzar las trincheras de Labieno, para lo cual da sus órdenes.
LVII. A Labieno, estando como estaba en puesto muy bien
fortificado por naturaleza y arte, ninguna pena le daba el peligro de
su persona y de la legión; andaba sí cuidadoso de no perder ocasión
de algún buen lance. En consecuencia, informado por Cingetórige y
sus allegados del discurso de Induciomaro en el congreso, envía
mensajeros a los pueblos comarcanos pidiendo soldados de a caballo,
y que vengan sin falta para tal día. Entre tanto Induciomaro casi
diariamente andaba girando alrededor de los reales con toda su
caballería, ya para observar el sitio, ya para trabar conversación, o
poner espanto. Los soldados, al pasar, todos de ordinario tiraban sus
dardos dentro del cercado. Labieno tenía a los suyos encerrados en
las trincheras, y procuraba por todos los medios aumentar en el
enemigo el concepto de su miedo.
LVIII. Mientras de día en día prosigue con mayor avilantez
Induciomaro insultando al campo, una noche Labieno, introducido
todo el cuerpo de caballería congregado de la comarca, dispuso con
tanta cautela las guardias para tener quietos dentro a los suyos, que
por ninguna vía pudo traslucirse ni llegar a los trevirenses la noticia
de este refuerzo. Induciomaro en tanto viene a los reales como solía
todos los días, y gasta en eso gran parte del día. La caballería hizo su
descarga de flechas, y con grandes baldones desafían a nuestro
campo. Callando los nuestros a todo, ellos, cuando les pareció, al
caer del día se van desparramados y sin orden. Entonces Labieno
suelta toda la caballería por dos puertas, mandando expresamente
que, al ver asustados y puestos en huida los enemigos, lo que
sucedería infaliblemente como sucedió, todos asestasen a solo
Induciomaro, sin herir a nadie hasta ver a éste muerto; que no quería
que deteniéndose con otros, él aprovechándose de la ocasión,
escapase. Promete grandes premios al que le mate, y destaca parte
de la legión para sostener a la caballería. La fortuna favorece la traza
de Labieno; pues yendo todos tras de solo Induciomaro, preso al
vadear un río,105 es muerto, y su cabeza traída en triunfo a los reales.
La caballería de vuelta persigue y mata a cuantos puede. Con esta
noticia todas las tropas armadas de eburones y nervios se disipan; y
después de este suceso, logró César tener más sosegada la Galia.

102
Según nuestra cuenta, o las nueve de la mañana.
103
Los comentadores y traductores de César no están acordes en la leyenda e inteligencia de este
pasaje. A mí me ha parecido seguir como corriente y bien escrito el texto de la edición Elzeviriana; y
creo que el pensamiento de César queda bien explicado en castellano traduciendo como se ha traducido.
104
Esto es, marítimos, porque en su lengua céltica Ar mor dicen que significa lo mismo que ad more.

No hay comentarios:

Publicar un comentario