lunes, julio 31

sobre astorga 2006

El César entra en la ciudad para firmar la paz con los astures
El caudillo Sebius advirtió a su contrincante de que su pueblo sobrevivirá a la influencia romana
Dos miembros de la tribu de los Saldanici hicieron público su amor en un enlace plagado de ritos
FirmaSilvia Merino Lugarastorga

El César entra en la ciudad para firmar la paz con los astures
Los romanos disfrutaron de forma pacífica de los festejos

Los romanos desplegaron ayer sus legiones a lo largo y ancho de la tierra astur invadiéndola y convirtiendo la ciudad en Astúrica Augusta. El caudillo Sebius recibió al César Josefus Orologius I a las puertas del mercado con el fin de firmar la paz.

Con la caída del sol tanto Sebius como el César dirigieron unas palabras a sus seguidores. Por su parte, el líder Josefus Orologius I, en su discurso, manifestó que «tras diez años duros en los que se ha derramado mucha sangre, por fin Roma ha hecho de esta tierra una capital: Astúrica Augusta». Igualmente pidió: «Lucid vuestros mejores vestidos y armas, pero no las manchéis de sangre. Ahora toca disfrutar de la paz de la fiesta, otros momentos habrá para hacer la guerra si fuera menester».

El caudillo astur, en su intervención, fue algo más beligerante y expresó a sus seguidores que su pueblo «sobrevivirá a Roma ya que cuando el imperio del César se haya borrado de la faz de la tierra y sólo sea historia, tendremos nuestro turno de gloria». Con ese espíritu combatiente Sebius añadió que no había motivos para festejar la paz romana y que su fiesta sería como homenaje a los héroes astures que murieron con honor en el campo de batalla. Finalmente advirtió a los romanos: «No os durmáis en los laureles. Vuestra vida en esta tierra no va a ser fácil». A continuación, A ras de suelo encendió el fuego como símbolo de la paz y la tregua, invocando al viento y con ayuda de la madera, la piedra y la paja.

Astures y romanos, finalmente ya reconciliados, disfrutaron de una cena de gala en el Astur Plaza a base de productos de la época. La jornada estuvo amenizada por la banda Sartaina y el grupo Orpheus.

La boda astur

Así, con tranquilidad y sin guerra, los astures vistieron sus mejores galas para celebrar por la noche la boda entre dos miembros de los Saldanici. El cortejo real acompañó a los prometidos al campamento; los guerreros, portando antorchas, seguían al novio, que montaba un caballo; la novia, custodiada por sus damas, fue conducida por un carro tirado por un corcel.

Ya en el asentamiento, los druidas preparaban la ofrenda a la diosa, representada por una escultura tallada, para que el matrimonio gozara de fertilidad y protección. El druida de la tribu fue el encargado de oficiar la boda en la que no faltaron un intercambio de presentes, la purificación del agua y el fuego de los novios, el vuelo de dos aves y el beso final como símbolo de su amor ya oficial.

Tras el acto todos los asistentes participaron de una queimada que la curandera había preparado con esmero mientras tenía lugar el enlace. Bebiendo el elixir, pronto comenzó el concierto celta a cargo de L¿arcu la Viella, que prolongó la fiesta hasta altas horas de la noche.

Todo esto sucedió el día en el que hechiceros, comerciantes y adivinos llegaron a Astúrica Augusta para ofrecer a ciudadanos y visitantes sus pócimas milagrosas, sus exquisitos manjares y sus embrujadores néctares. Las damas pudieron adornar sus cuerpos con piedras y abalorios, mientras que los forzudos guerreros incrementaban sus armas con poderosas espadas y escudos. También hubo quien renovó su vestuario para lucir acorde con la fiesta, en un mercado astur romano que ofrecía, además, la posibilidad de acercarse a la cultura o la gastronomía.



Los romanos y los astures rompen su tregua con el fin de las fiestas

Los romanos y los astures rompen su tregua con el fin de las fiestas
El deportista, Manuel Martínez, fue uno de los asistentes destacados

David Fernández, de Zamora, vence por segundo año consecutivo los juegos célticos
La partida del César a la capital del imperio marca el final de una intensa jornada
FirmaMaite Almanza Lugarastorga

David Fernández, de Fuentes de Ropel (Zamora) es desde ayer, y por segundo año consecutivo, el poblador más forzudo de los territorios astures tras ganar los juegos que enfrentaron a 63 competidores. La vencedora en la categoría femenina fue Martina de la Puente, campeona de lanzamiento de peso de España, que recibió, al igual que su compañero, una réplica del Torques de Astorga como premio. Todos los aspirantes tuvieron que demostrar su fuerza, potencia y agilidad en pruebas como lanzamiento de mazo y de disco, puja de caballitos, pugilato con mazas de espuma sobre un tablón de madera, o carrera y arrastre de cadenas. En algunas de ellas los concursantes tuvieron que soportar hasta cuarenta kilos de peso, pero fue finalmente la prueba del carro chillón -consistente en localizar, con los ojos vendados, un carro dotado de percusión- la que dió la victoria a Fernández, mientras de la Puente alcanzó la gloria cuando su contrincante se retiró por una lesión.

Fueron las mujeres, por su desigual esfuerzo, las que arrancaron más ovaciones y aplausos a un público entregado, que jaleó incluso a toques de tambor a los participantes, mientras en las pausas entre pruebas sonaba música de gaitas desde las gradas astures. Ricardo Pomar, que sufrió una grave lesión en la edición del 2005 y que también compitió ayer, recibió un premio por su constancia, mientras los ganadores de algunos de los retos fueron obsequiados con pepitas de oro y de plata, o lotes de Cecina de Léon, Mantecadas de Astorga u hojaldres. Terminados los juegos, los vencedores de éstos y de los Ludis Apollinares del sábado desfilaron por la ciudad antes de que el César Josefus Orologius I y el Caudillo astur Sebius apagasen el fuego que ha presidido los festejos, en señal del final de la frágil tregua entre ambos pueblos y de la vuelta a la mutua rivalidad. El momento, que estuvo plagado de simbolismo y aderezado con fuegos de artificio, marcó el regreso a Roma del César, que dejó a los romanos ahogando su pena con una degustación de sopas de ajo.

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