martes, octubre 25

parte 17. 4- El linaje de Nerva. Nerva.

4. El linaje de Nerva
Nerva

Los conspiradores que mataron a Domiciano habían aprendido la lección dada por los que habían matado a Nerón una generación antes. No dejaron un vacío para que fuese llenado por generales en lucha unos con otros, sino que ya tenían un candidato. Puesto que no eran hombres de armas (aunque tuvieron la precaución de ganarse el apoyo del jefe de la guardia pretoriana), no eligieron a un general, sino a un senador.
Su elección cayó sobre un senador sumamente respetado llamado Nerva (Marcus Cocceius Nerva), cuyo padre había sido un famoso abogado y amigo del emperador Tiberio. El mismo Nerva había desempeñado cargos de responsabilidad bajo Vespasiano y Tito, y, en 90, compartió el consulado con el mismo Domiciano. Luego cayó en desgracia con Domiciano, quien lo exilió al sur de Italia.
Tenía sesenta y tantos años en el momento de la muerte de Domiciano y no era de esperar, como es natural, que viviese mucho tiempo. Sin duda, quienes apoyaban a Nerva contaban con esto y pensaban que su reinado sería un breve período de espera en el que podía elegirse un candidato mejor.
Nerva trató de poner fin a la periódica hostilidad entre el emperador y el Senado y de poner en práctica la teoría de que el Imperio Romano en realidad era gobernado por el Senado, y el emperador sólo era el sirviente de éste. Prometió no ejecutar nunca a un senador, y nunca lo hizo. Cuando se descubrió una conspiración contra él, se contentó con desterrar al jefe sin ejecutar a nadie. Puso en práctica una economía estricta, hizo volver a los exiliados políticos, organizó un servicio postal controlado por el Estado, creó instituciones de caridad para el cuidado de los niños necesitados y se mostró en todo aspecto como una persona humanitaria y amable.
Si bien el intento de Nerva de hacer a su gobierno responsable del bienestar de los ciudadanos parece sumamente encomiable, su reinado señaló un inquietante cambio decisivo en la sociedad antigua. Cada vez más, los gobiernos locales se mostraron incapaces de llevar a cabo sus tareas. Y cada vez más se dirigieron al emperador. Se esperaba que el gran gobernante de Roma cuidase de todos. Si lo hacía efectivamente, estaba bien, pero si llegase el tiempo en que el gobierno central fuese corrupto o incapaz, ¿qué sería, entonces, de los gobiernos locales, que ya no eran capaces de cuidar de sí mismos?
Pero, por el momento, sólo la guardia pretoriana estaba insatisfecha. Domiciano había sido popular entre sus miembros porque los favorecía, pues sabía bien que dependía de su apoyo para mantenerse en el poder. Por consiguiente, les pagaba bien y les permitía muchas libertades. Las economías de Nerva y su dependencia del Senado empeoraban la situación de los soldados de la guardia, quienes, con amargo desengaño, exigieron la muerte del principal conspirador contra Domiciano y de su propio jefe, que había apoyado la conspiración. Nerva se halló enfrentado con el destino de Galba (véase página), pero trató con valentía de arrostrar a los soldados de la guardia. Nerva no perdió su vida como resultado de ello, pero le infligieron una dura humillación al matar a quienes quería y luego obligar a Nerva a hacer que el Senado votase una moción de agradecimiento hacia ellos por esa matanza.
Nerva comprendió que no podía dominar al ejército y que su muerte acarrearía serios desórdenes. No tenía hijos a quienes legar el poder, como Vespasiano había hecho con Tito. Por ello, buscó a su alrededor a algún buen general en quien pudiera confiarse que gobernaría bien para adoptarle como hijo y asegurar la sucesión. Si no podía tener un Tito, al menos tendría un Tiberio.
Su elección cayó, muy sabiamente, en Trajano (Marcus Ulpius Trajanus). Este nació en España en el 53, cerca de la moderna ciudad de Sevilla e iba a ser el primer emperador nacido fuera de Italia (aunque era de ascendencia italiana). Fue un soldado toda su vida e hijo de un soldado, que siempre actuó con eficiencia y capacidad.
Tres meses después de efectuarse la adopción, Nerva murió, habiendo reinado cerca de un año y medio, y Trajano le sucedió pacíficamente en el trono.
Trajano iba a seguir el buen ejemplo de Nerva: mantuvo la promesa de no hacer ejecutar nunca a un senador y adoptó a un joven capaz como sucesor. En verdad, a partir de Nerva, hubo una serie de emperadores que se sucedieron unos a otros por adopción. A veces se los llama los «Antoninos», por el apellido de los últimos.

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