lunes, octubre 3

parte 3. las fronteras

Las fronteras
Echemos ahora una rápida ojeada a la extensión del Imperio en la época en que Augusto llegó a ser emperador, en 27 a. C.
Todas las costas del Mediterráneo pertenecían directamente a Roma o eran gobernadas por reyes nominalmente independientes pero que eran conscientes de estar bajo el poder absoluto de Roma. Esos reyes no podían subir a sus tronos sin permiso romano y podían ser depuestos en cualquier momento. Por esta razón, eran completamente sumisos al Emperador y a menudo mantenían sus reinos satélites más seguramente bajo la dominación romana de lo que Roma hubiera conseguido si los hubiese gobernado directamente.
Empecemos, pues, por Egipto (el patrimonio privado de Augusto), en el extremo oriental de la costa sur del Mediterráneo, y desplacémonos luego hacia el Oeste.
Al oeste de Egipto se hallaban las provincias de Cirenaica, África y Numidia, en este orden. La provincia de África incluía lo que antaño había sido el dominio de Cartago, ciudad que estuvo a punto de derrotar a Roma dos siglos antes. La antigua ciudad de Cartago había sido completamente destruida por Roma en 146 a. C. (607 A. U. C.), pero poco antes de su asesinato Julio César había creado una colonia romana en ese lugar. Surgió una nueva Cartago, una Cartago romana, que iba a mantenerse grande y próspera durante seis siglos.
Al oeste de Numidia, en la región ocupada hoy por las naciones modernas de Argelia y Marruecos, estaba el reino casi independiente de Mauritania. Era así llamado porque estaba habitado por una tribu cuyos miembros se llamaban a sí mismos «mauri». (De este nombre, los españoles posteriormente derivaron la palabra «moros» para llamar a los habitantes del norte de África, y de esta palabra deriva la expresión inglesa equivalente de «Moors» y el nombre del moderno reino de Marruecos.)
El rey de Mauritania estaba casado con Cleopatra Selene, hija de Marco Antonio y Cleopatra. Tuvo de ella un hijo llamado Tolomeo (el nombre que llevaron catorce reyes de Egipto que precedieron a Cleopatra). Tolomeo subió al trono en el año 18 .
Al norte del mar Mediterráneo estaban, al oeste de Italia, las dos ricas regiones de España y Galia. En España (que incluía tanto al Portugal moderno como a España propiamente dicha), los romanos entraron por vez primera dos siglos antes de Augusto. Pero durante todo ese tiempo los nativos de España resistieron valientemente a las armas romanas, y sólo se retiraron paso a paso. Aun en tiempos de Augusto, la España septentrional todavía no estaba pacificada. Los cántabros, tribu que habitaba la Bahía de Vizcaya, en el norte de España, lucharon contra los ejércitos de Augusto durante varios años, y no fueron sometidos hasta el 19 a. C. Sólo entonces España en su totalidad se convirtió en un lugar pacífico y tranquilo del Imperio.
Augusto dirigió en España tanto operaciones pacíficas como ofensivas bélicas, y fundó ciudades, dos de las cuales podemos mencionar particularmente. Ambas recibieron nombres en homenaje a él: «Caesaraugusta» y «Augusta Emérita» («Augusto, el Soldado Retirado»). Sobreviven hoy con nombres deformados derivados de éstos: Zaragoza y Mérida, respectivamente.
En Galia (que incluía la Francia moderna, Bélgica y las partes de Alemania, Holanda y Suiza situadas al oeste del río Rin) los romanos penetraron mucho después que en España, pero su conquistador fue Julio César, quien dio término a la tarea. Pero la frontera alpina entre Galia e Italia permanecía en poder de las tribus nativas por la época en que Augusto se convirtió en emperador.
Al Este de Italia está el mar Adriático. La costa opuesta del mar Adriático formaba parte de lo que los romanos llegaron a llamar «Illyricum», pero en castellano es más común llamarlo Iliria. Corresponde aproximadamente a la moderna nación de Yugoslavia. Cuando Augusto se convirtió en emperador, Roma sólo dominaba la línea costera, parte llamada a veces Dalmacia.
Al sudeste de Iliria estaban Macedonia y Grecia, ambas firmemente en poder de los romanos.
Al este de Grecia está el mar Egeo, y del otro lado de él se halla Asia Menor (incluida en la moderna nación de Turquía). En el período en que la República Romana empezó a expandirse hacia el Este, Asia Menor era un mosaico de reinos de habla griega. Cuando Augusto llegó al poder, los reinos del norte y el oeste de Asia Menor eran provincias romanas. El resto se hallaba firmemente bajo la dominación romana indirecta.
Al sur de Asia Menor estaba Siria, que era provincia romana, y Judea, con un rey nativo que gobernaba con permiso romano. Al sudoeste de Judea, volvemos nuevamente a Egipto.
Augusto, al contemplar el Imperio, lo vio bien unido por caminos que se extendían desde Italia hasta las provincias, en una red en constante extensión y expansión. Y la mayoría de sus fronteras estaban protegidas. En el sur y el oeste, estaba completamente asegurado contra las invasiones extranjeras, pues en ambas direcciones el Imperio había alcanzado un límite absoluto. Al oeste estaba el ilimitado océano Atlántico, y al sur de la mayor parte del África romana el igualmente ilimitado (por lo que respecta a los romanos) desierto del Sahara.
Al sur de Egipto, el río Nilo continuaba hasta una brumosa fuente que era desconocida para los antiguos. Las tribus de Etiopía, que estaban a lo largo del río inmediatamente al sur de Egipto, mil años antes de la época de Augusto habían librado grandes guerras con Egipto. Pero esos días habían pasado hacía mucho tiempo, y ahora Etiopía estaba en calma, en su mayor parte. Los tolomeos de Egipto habían apostado colonias en Etiopía, pero nunca habían intentado seriamente conquistar esa tierra.
Después de la ocupación romana de Egipto, el gobernador, Cayo Petronio, respondió a una incursión etíope lanzando una expedición de represalia en 25 a. C. Marchó hacia el Sur y ocupó parte de Etiopía, pero a Augusto esto le pareció una acción inútil. Etiopía estaba demasiado lejos para ser de alguna utilidad a Roma, y no compensaba los gastos de dinero y hombres. Hizo volver al ejército y en lo sucesivo hubo una paz ininterrumpida en la frontera meridional de Egipto. (Un intento poco entusiasta de cruzar el mar Rojo desde Egipto y apoderarse del sudoeste de Arabia también fue suspendido por Augusto.)
Al sudeste de Siria y Judea estaba el desierto árabe, que, como el Sahara, representaba un límite para las armas romanas y una protección contra un ataque enemigo en esa dirección. En años posteriores, el ámbito romano se expandió un poco en el desierto, pero no muy lejos.



Al este la situación era más peligrosa. Allí estaba la única potencia organizada que lindaba con los dominios romanos y era realmente independiente y hasta hostil a Roma. Era Partia, que se extendía por la región ocupada principalmente por el Irán moderno.
Partia era realmente una restauración de la antigua monarquía persa, que había sido resquebrajada y destruida tres siglos antes por Alejandro Magno. («Partia» es una forma de «Persia».) La cultura griega había penetrado en el ámbito parto bajo los sucesores de Alejandro, pero nunca echó allí raíces fuertes.
La mayor parte de la sección asiática del imperio de Alejandro cayó en manos de su general Seleuco, después de la muerte de Alejandro, por lo cual se la llamó el Imperio Seléucida. Cuando éste se debilitó, las tribus partas conquistaron su independencia, alrededor del 250 a. C., y extendieron su poder hacia el Oeste a expensas de sus viejos amos.
En 64 a. C. Roma se anexó el resto del Imperio Seléucida (por entonces limitado a Siria) e hizo de él una provincia. Entonces, se enfrentó directamente con Partia, en el Este. En 53 a. C. (700 A. U. C.), un ejército romano atacó a Partia sin que mediase provocación alguna y sufrió una catastrófica derrota. Partia se apoderó de las banderas de las legiones derrotadas, algo que para Roma era una gran deshonra.
Quince años más tarde, ejércitos romanos invadieron Partia nuevamente y lograron algunas victorias. Esto constituyó de algún modo una venganza, pero Partia conservaba las banderas capturadas. Después de esto, empezó un largo tira y afloja entre Roma y Partia, en el que el reino de Armenia era la cuerda que se tiraba de una y otra parte.
Armenia está ubicada en el borde oriental de Asía Menor, inmediatamente al sur de los montes del Cáucaso. Los ejércitos romanos penetraron primero en Armenia por el 70 a. C. e impusieron su influencia sobre el reino. Pero tan pronto como los romanos ponían a uno de sus satélites en el trono armenio, los partos se las arreglaban para reemplazarlo por otro de los suyos.
Augusto no se sintió en condiciones de resolver el problema mediante una gran conquista. Era una pesada tarea reformar la política financiera del Imperio, y el dinero era escaso. Los gastos de una guerra contra los partos seguramente harían fracasar sus reformas y podía enfrentarse con una derrota que arruinase su prestigio. Por ello, decidió ejercer una presión cuidadosa, mínima, sobre Partia.
Como de costumbre, dos candidatos —un títere romano y otro parto— reñían por el trono armenio. Usando como excusa el pedido de ayuda por el títere romano, Augusto envió un ejército romano a Armenia bajo el mando de su hijastro. El títere romano fue puesto en el trono, y el títere parto fue derrotado y muerto.
Partia no estaba con ánimo de combatir, pues tenía sus propios problemas internos, y cuando Augusto insinuó su disposición a firmar un tratado de paz, aprovechó de buena gana la oportunidad. En 20 a. C. se restableció la paz y Partia convino en devolver los pendones de batalla capturados treinta y tres años antes. El honor romano quedó satisfecho y la prudencia de Augusto fue magníficamente recompensada.
(Sin embargo, Armenia no quedó firmemente en manos romanas. Durante mil años iba a ser un Estado tapón que caía bajo la influencia romana o escapaba de ella según las mareas cambiantes de la guerra.)

2 comentarios:

  1. Anónimo6:55 p. m.

    Copiado casi palabra por pañabra del libro de Asimov. No es que me importe, pero...te pillé!!!

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  2. NO LO HE NEGADO EN NINGUN MOMENTO... JEJEJE... INCLUSO EN EL INDICE APARECE

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