jueves, enero 26

LIBRO QUINTO CAP 2

XI. Con esta novedad, César manda volver atrás las legiones y
la caballería; él da también la vuelta a las naves, y ve por sus ojos
casi lo mismo que acababa de saber de palabra y por escrito: que
desgraciadas cuarenta, las demás admitían sí composición, pero a
gran costa. Por lo cual saca de las legiones algunos carpinteros, y
manda llamar a otros de tierra firme. Escribe a Labieno que con
ayuda de sus legiones apreste cuantas más naves pueda. Él, por su
parte, sin embargo de la mucha dificultad y trabajos, determinó para
mayor seguridad sacar todas las embarcaciones a tierra, y meterlas
con las tiendas dentro de unas mismas trincheras. En estas
maniobras empleó casi diez días, no cesando los soldados en el
trabajo ni aun por la noche. Sacados a tierra los buques, y
fortificados muy bien los reales, deja el arsenal guarnecido de las
mismas tropas que antes, y marcha otra vez al lugar de donde vino.
Al tiempo de su llegada era ya mayor el número de tropas enemigas
que se habían juntado allí de todas partes. Diose de común
consentimiento el mando absoluto y cuidado de esta guerra a
Casivelauno, cuyos Estados separa de los pueblos marítimos el río
Támesis a distancia de unas ochenta millas del mar. De tiempo atrás
andaba éste en continuas guerras con esos pueblos; mas aterrados
los britanos con nuestro arribo, le nombraron desde luego por su
general y caudillo.
XII. La parte interior de Bretaña es habitada de los naturales,
originarios de la misma isla, según cuenta la fama; las costas, de los
belgas, que acá pasaron con ocasión de hacer presas y hostilidades;
los cuales todos conservan los nombres de las ciudades de su origen,
de donde trasmigraron, y fijando su asiento a fuerza de armas,
empezaron a cultivar los campos como propios. Es infinito el gentío,
muchísimas las caserías, y muy parecidas a las de la Galia; hay
grandes rebaños de ganado. Usan por moneda cobre o anillos de
hierro de cierto peso. En medio de la isla se hallan minas de estaño, y
en las marinas, de hierro, aunque poco. El cobre le traen de fuera.
Hay todo género de madera como en la Galia, menos de haya y
pinabete. No tienen por lícito el comer liebre, ni gallina, ni ganso,
puesto que los crían para su diversión y recreo. El clima es más
templado que el de la Galia, no siendo los fríos tan intensos.
XIII. La isla es de figura triangular. Un costado cae enfrente de
la Galia; de este costado el ángulo que forma el promontorio Canelo,
adonde ordinariamente vienen a surgir las naves de la Galia, está
mirando al Oriente; el otro inferior a Mediodía. Este primer costado
tiene casi quinientas millas; el segundo mira a España y al Poniente.
Hacia la misma parte yace la Hibernia,90 que, según se cree, es la
mitad menos que Bretaña, en igual distancia de ella que la Galia. En
medio de este estrecho está una isla llamada Man. Dícese también
que más allá se encuentran varias isletas; de las cuales algunos han
escrito que hacia el solsticio del invierno por treinta días continuos es
siempre de noche. Yo, por más preguntas que hice, no pude
averiguar nada de eso, sino que por las experiencias de los relojes de
agua observaba ser aquí más cortas91 las noches que en el
Continente. Tiene de largo este lado, en opinión de los isleños,
setecientas millas. El tercero está contrapuesto al Norte sin ninguna
tierra enfrente, si bien la punta de él mira especialmente a la
Germania. Su longitud es reputada de ochocientas millas, con que
toda la isla viene a tener el ámbito de dos mil.
XIV. Entre todos, los más tratables son los habitantes de Kent,
cuyo territorio está todo en la costa del mar, y se diferencian poco en
las costumbres de los galos. Los que viven tierra adentro por lo
común no hacen sementeras, sino que se mantienen de leche y
carne, y se visten de pieles. Pero generalmente todos los britanos se
pintan de color verdinegro con el zumo de gualda,92 y por eso
parecen más fieros en las batallas; dejan crecer el cabello, pelado
todo el cuerpo, menos la cabeza y el bigote. Diez y doce hombres
tienen de común las mujeres, en especial hermanos con hermanos y
padres con hijos. Los que nacen de ellas son reputados hijos de los
que primero esposaron las doncellas.
XV. Los caballos enemigos y los carreros trabaron en el camino
un recio choque con nuestra caballería, bien que ésta en todo llevó la
ventaja, forzándolos a retirarse a los bosques y cerros. Mas como los
nuestros, matando a muchos, fuesen tras ellos con demasiado
ardimiento, perdieron algunos. Los enemigos, de allá un rato, cuando
los nuestros estaban descuidados y ocupados en fortificar su campo,
salieron al improviso del bosque, y arremetiendo a los que hacían
guardia delante de los reales pelearon bravamente. Envió entonces
César las dos primeras cohortes de dos legiones en su ayuda y
haciendo éstas alto muy cerca una de otra, asustados los nuestros
con tan extraño género de combate, rompieron ellos por medio de
todos con extremada osadía y se retiraron sin recibir daño. Perdió la
vida en esta jornada el tribuno Quinto Laberio Duro. En fin, con el
refuerzo de otras cohortes fueron rechazados.
XVI. Por toda esta refriega, como que sucedió delante de los
reales y a la vista de todos, se echó de ver que los nuestros, no
pudiendo ir tras ellos cuando cejaban por la pesadez de las armas, ni
atreviéndose a desamparar sus banderas, eran poco expeditos en el
combate con estas gentes; que la caballería tampoco podía obrar sin
gran riesgo, por cuanto ellos muchas veces retrocedían de propósito,
y habiendo apartado a los nuestros algún trecho de las legiones,
saltaban a tierra de sus carros y peleaban a pie con armas
desiguales. Así que, o cediesen o avanzasen los nuestros, con esta
forma de pelear daban en igual, antes en el mismo peligro. Fuera de
que ellos nunca combatían unidos, sino separados y a grandes
trechos, teniendo cuerpos de reserva apostados; con que unos a
otros se daban la mano, y los de fuerzas enteras entraban de refresco
a reemplazar los cansados.
XVII. Al día siguiente se apostaron los enemigos lejos de los
reales en los cerros, y comenzaron a presentarse no tantos, y a
escaramuzar con la caballería más flojamente que el día antes. Pero
al mediodía, habiendo César destacado tres legiones y toda la
caballería con el legado Cayo Trebonio al forraje, de repente se
dejaron caer por todas partes sobre los que andaban muy desviados
de las banderas y legiones. Los nuestros, dándoles una fuerte carga,
los rebatieron, y no cesaron de perseguirlos hasta tanto que la
caballería, fiada en el apoyo de las legiones que venían detrás, los
puso en precipitada fuga; y haciendo en ellos gran riza, no les dio
lugar a rehacerse, ni detenerse, o saltar de los carricoches. Después
de esta fuga, las tropas auxiliares, que concurrieron de todas partes,
desaparecieron al punto. Nunca más de allí adelante pelearon los
enemigos de poder a poder con nosotros.
XVIII. César, calados sus intentos, fuese con el ejército al reino
de Casivelauno en las riberas del Támesis, río que por un solo paraje
se puede vadear, y aun eso trabajosamente. Llegado a él, vio en la
orilla opuesta formadas muchas tropas de los enemigos, y las
márgenes guarnecidas con estacas puntiagudas, y otras semejantes
clavadas en el hondo del río debajo del agua. Enterado César de esto
por los prisioneros y desertores, echando adelante la caballería,
mandó que las legiones le siguiesen inmediatamente. Tanta prisa se
dieron los soldados, y fue tal su coraje, si bien sola la cabeza llevaban
fuera del agua, que no pudiendo los enemigos sufrir el ímpetu de las
legiones y caballos, despejaron la ribera, poniendo pies en polvorosa.
XIX. Casivelauno, como ya insinuamos, perdida toda esperanza
de contrarrestar, y despedida la mayor parte de sus tropas,
quedándose con cuatro mil combatientes de los carros, iba
observando nuestras marchas, tal vez se apartaba un poco del
camino, y se ocultaba en barrancos y breñas. En sabiendo el camino
que habíamos de llevar, hacía recoger hombres y ganados de los
campos a las selvas, y cuando nuestra caballería se tendía por las
campiñas a correrlas y talarlas, por todas las vías y sendas conocidas
disparaba de los bosques los carros armados, y la ponía en gran
conflicto, estorbando con esto que anduviese tan suelta. No había
más arbitrios para evitar tales peligros sino que César no la
permitiese alejarse de las legiones, y que las talas y quemas en daño
del enemigo sólo se alargasen cuanto pudiera llevar el trabajo y la
marcha de los soldados legionarios.
XX. A esta sazón, los trinobantes,93 nación la más poderosa de
aquellos países (de donde el joven Mandubracio, abrazando el partido
de César, vino a juntarse con él en la Galia, y cuyo padre
Imanuencio, siendo rey de ella, murió a manos de Casivelauno, y él
mismo huyó por no caer en ellas), despachan embajadores a César,
prometiendo entregársele y prestar obediencia, y le suplican que
ampare a Mandubracio contra la tiranía de Casivelauno, se lo envíe, y
restablezca en el reino. César les manda dar cuarenta rehenes y trigo
para el ejército, y les restituye a Mandubracio. Ellos obedecieron al
instante aprontando los rehenes pedidos y el trigo.



90
Irlanda.
91
Era, ya se ve, tiempo de verano; lo contrario sucede en invierno, de que sólo se infiere que Inglaterra
es más septentrional que Francia.
92
César: vitro se inficiunt. Otros leen (y tal vez con más razón) glasto, porque dos cosas parecen
ciertas: primera, que el glasto es planta, y así no hay que llamarlo vitriolo, o caparrosa como el
traductor italiano; segunda, que esta palabra entra en la confección del vidrio, y por eso leen muchos
vitro; y de aquí nacería la equivocación de otros escribiendo nitro, y traduciéndolo vitriolo. El glasto es
nombre británico, y significa lo mismo que vitro en latín, y uno y otro se toma por hierba vidriera. En lo
que, a mi parecer, no puede haber engaño es en llamarla flor de pastel, como lo hace Laguna sobre
Dioscórides, citando esta lugar de César.
93
Los de los condados de Esex y Midlesex.

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